
Domingo 27 de abril de 2014, plaza san roque
Mercedes Pinto, PIONERA EN LA LUCHA
La mujer quedefendióel divorcio como
“una medida higiénica”
“Él tenía unos meses de depresión espiritual intensa. Deploraba sus pasados errores y solía pedirme perdón llorando como un niño. Cuando recobraba sus energías, el abatimiento convertíase en una dominación brutal, aplastante y casi destructora:
Él era amo, rey, Dios… ¡todo!”.
Así describía, en su libro Él, de 1926, Mercedes Pinto (Tenerife, 1883-México D.F., 1976) una escena habitual en su relación con su marido, Juan de Foronda.
La pareja había contraído matrimonio en 1909 en La Laguna, donde Mercedes era conocida como la poetisa canaria gracias a los poemas que había publicado en varios diarios tinerfeños de la época. Foronda era 17 años mayor que su esposa; un hombre machista, autoritario y despiadado, cuyo complicado carácter desembocó en una insufrible paranoia de la que rápidamente Pinto se convertiría en víctima. Basándose en su propia experiencia, Mercedes alimentó la defensa del divorcio en una España, la de Primo de Rivera, donde la mera palabra sonaba algo más que a pecado. Su defensa fue realmente pionera, ya que habría que esperar hasta 1981 para que se produjese la primera ruptura matrimonial amparada y autorizada por la ley. Mercedes Pinto fue, además de escritora, oradora, feminista, periodista y actriz.
Explica Llarena que “La convivencia amarga de Mercedes con su esposo, el miedo a morir en sus manos o el temor a que sus tres hijos sufrieran los irreversibles embates de un hombre atormentado y celoso, la obligaron a abandonar Tenerife y poner rumbo a Madrid”. Su intención era clara: ingresar a su marido en un manicomio. Esa era la única manera en la que una mujer podía librarse de su maltratador en un país que no estaba preparado para asumir alteraciones en su modelo social, basado en un androcentrismo que otorgaba a la mujer un papel meramente reproductivo.
A CONTRACORRIENTE. Sin embargo, eso no le impidió a Mercedes Pinto luchar y alzar la voz. Como describe su hijo Gustavo Rojo en el documental Ella(s), (2010), de David Baute, “era una mujer libre, una mujer fuerte y una mujer triunfadora”, que nadó a contracorriente e la mentalidad de su tiempo, que denuncio la violencia machista y pidió a la justicia española de principios del siglo XX que protegiese a las víctimas de sus maltratadores. O, al menos, que las permitiese divorciarse de ellos.
En los cuatro años que pasó en Madrid, Pinto se hizo un hueco en la intelectualidad de la época, convirtiéndose en una participante activa del Ateneo y la Residencia de Estudiantes. Entre sus amigos figuraban Gómez de la Serna, Ortega y Gasset o Carmen de Burgos, alias Columbine, quien sería la instigadora de que Mercedes pronunciase el discurso que a la postre provocó su expulsión de España: El divorcio como medida higiénica (1923).
Ese día, en aquella aula magna, estaba presente el príncipe Fernando de Baviera que, cuando Pinto terminó su intervención, se acercó a ella y le preguntó: “¿Pero de dónde sales tú, criatura, que te has atrevido a hablar así?”. Ella, con naturalidad, contestó: “Soy canaria”. La conversación con el príncipe, como Mercedes revelaría en un artículo titulado Río abajo (escrito en 1975 para el suplemento de los jueves del diario mexicano El Exelsior), concluyó con una invitación a palacio para que la escritora pudiera conocer a su esposa, doña Paz de Borbón. La princesa, que había leído sobre ella en la prensa, le ofreció un puesto de oradora en su fundación, Juntas de acción católica. Sin embargo, Pinto rechazó la propuesta, lo que hizo que el príncipe de Baviera la alertase: “Es posible que se vea usted obligada a salir de España… ¡Estos Borbones!”. Al parecer, su mujer no aceptaba un no por respuesta.
SEGUIR ADELANTE. Días después de su encuentro con los príncipes, Primo de Rivera la llamó a su despacho. Las represalias de un sistema machista y estático caerían sobre ella, y el general le insinuó que se vería obligada a exiliarse del país, tanto por el alboroto que había causado su discurso en la opinión pública, como por rehusar la propuesta que le había hecho Doña Paz de Borbón. Setenta y dos horas más tarde, Mercedes partiría de Lisboa rumbo a Uruguay acompañada por sus tres hijos y el abogado junto al que luchaba por su divorcio, Rubén Rojo, que más tarde se convertiría en su segundo marido.
En su breve estancia en la capital lusa, Mercedes tuvo que hacer frente al momento más dramático de su vida: la repentina muerte de su primogénito. La pena de Pinto por la pérdida de su hijo mayor era inmensa, y es a él a quien dedica su obra más célebre, Él, que sería publicada en 1926 en Montevideo y que ahora reedita en España Ediciones Escalera. En esta novela autobiográfica, Pinto plasmó el calvario por el que pasó en su matrimonio con Foronda, reflejando una serie de escenas de violencia de género que hoy resultan familiares.
En Latinoamérica, Mercedes pinto Rojo comienza una nueva vida. Con su segundo marido tendrá dos hijos más, Rubén y Gustavo Rojo (ambos actores), y pronto se convertirá en un referente intelectual y cultural.
Con su compañía de teatro viajó por todo el continente americano, y también fue reclamada por diferentes asociaciones, fundaciones y universidades que querían albergar sus conferencias. “Era una oradora estupenda”, explica Alejandra Rojo: “Tratara con quien tratase, sabía hacerse entender. Fue una mujer de gran sencillez”. De Uruguay a Argentina, pasando por Chile, Cuba y México. En todos estos lugares coincidirá con gente de la talla de Luis Buñuel, que en 1953 rodará su película Él, basada en la novela de Mercedes.
Mercedes Pinto murió en 1976, a los 94 años, cuando regresaba de dar unas conferencias en Cuba.